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RECADOS DE OBAMA


                          Por Rebeca Ramos Rella



Diversas reacciones levantó la reciente visita del Vicepresidente de Estados Unidos a México. Y es que aunque el segundo de abordo en la Casa Blanca sólo tenga funciones de representación, gestión diplomática y articulador de alianzas con el exterior, sigue siendo un emisario de Obama de alto nivel en asuntos de importancia para los intereses estratégicos de su país. Se anunció que el objetivo central era reunirse con el Presidente en funciones y con los tres suspirantes de las fuerzas políticas mayoritarias a sucederlo para: ”…Asegurar la continuidad de la política de cooperación de Estados Unidos con el próximo gobierno de México”, pero desde allá matizaron que esencialmente la amenaza del crimen organizado encabezaría las charlas de Joe Biden con López Obrador, Peña Nieto y con Vázquez Mota y con Calderón.



De entrada, Obama manda el mensaje optimista en su país –y bien directo a republicanos- y casi cantándoles la victoria de su relección, antes de que los votantes estadunidenses le refrenden otros 4 años; él sigue tejiendo y amarrando pactos y aliados estratégicos que fortalezcan esa certeza. Y como allá el Presidente en funciones sí puede reelegerise y hacer campaña al mismo tiempo que gobierna, con todo el peso de recursos y herramientas para lograrlo, está afianzado fuerte en temas y demandas que le generan votos, apoyos y simpatías.



Ha arreciado el discurso de advertencia contra el irreverente enemigo Irán y sus pretensiones nucleares que erizan a los israelitas –por supuesto a los señores judíos del dinero que viven en su país-; a Israel, le ha dispensado la negativa a detener los asentamientos ilegales y del reconocimiento a Palestina y, le ha garantizado protección y mejores armas para defenderse, en caso de guerra contra Ahmadineyad; ha acentuado que no habrá intervención en Siria, pero logró consenso internacional para endurecer el llamado a la deposición de Al Assad, aunque la gestión diplomática de Kofi Annan fracasó y, acá, a su vecino sureño que tanto le preocupa, nos da muestra de apertura, respeto e interés sin intervencionismo cínico –la diplomacia del power intelligent-, sobre el futuro de la relación bilateral.



Por supuesto que allá saben de las encuestas en México, pero en un acto democrático y aparentemente imparcial, el mensajero de Obama se reunió con los tres contendientes, en un gesto de sutileza diplomática y de sensibilidad política, que no excluye a nadie y que a todos escucha, asentando que con quien gane, ellos tratarán.



Discrepo de aquellos que aducen que el “imperio” vino a tirar línea, a presionar o a imponer. Los estadunidenses son los maestros de la real politik, del pragmatismo, así que Biden vino en estricta encomienda de resguardo de los intereses nacionales y de seguridad que a su país convengan. Que las formas y las imágenes fueron motivo de mofa, eso es propio de nosotros que en sanas intenciones de los gringos poco confiamos. Por ejemplo. Sorprendió que el candidato de la izquierda –que ha insultado, descalificado, externado y propagado su odio y sospecha contra el gobierno de Estados Unidos, como discurso trasnochado antiyanky y congregante de resentidos- acudiera y luciera nuevo look para reunirse con el Vicepresidente -¿será que ahora también ama a los gringos?-. Lo que hace la ambición.



Fue curioso que Biden los recibiera a los tres, en formato de director de escuela que calibra a los alumnos aplicados, quienes por cierto, se sujetaron a la agenda preconcebida, -nadie sabemos cuáles fueron los detalles-. Nada sustancial emergió de encuentros privados más que fotos, sonrisas y manos anudadas y eso quería Obama. Las gráficas, que pudieran ver tanto los lores criminales como los votantes latinos que quiere volver a seducir.



Obama, hace unos días, lo reveló con todas sus letras: “Un México más estable aumentará la seguridad nacional de Estados Unidos, detonará el potencial de crecimiento económico y protegerá a los ciudadanos de Estados Unidos en la frontera compartida” -lo que pasa acá atenta contra su seguridad, nada más espeluznante para atizar la cultura del miedo del vecino- entonces, ni titubeos ni limosnas. Ellos ayudan para ayudarse. Obama sabe que no se puede descuidar la batalla contra criminales en México, aunque poco prometa o haga para enfatizar campañas anti-adicciones y para renovar la ley que regule venta de armas que los sostienen. Allá les enchinó el cuero el Informe Anual sobre Narcóticos en el mundo del Departamento de Estado, que detalla que, pese a esfuerzos del gobierno federal mexicano, “autoridades estatales y municipales son aún vulnerables a la corrupción; están implicadas en movimientos y contrabando de drogas e impiden operaciones federales y militares”. Por eso, seguramente Biden vino a reiterar la voluntad de cooperar con 199 mdd, -pese al recorte de 49.5 mdd-, para México y para la Iniciativa Mérida y, otros 35 millones adicionales para el Fondo de Apoyo Económico, para que no se preocupen, pues habrá lana.



Del otro lado, Obama retoma vigor y vehemencia para comprometerse en lo que no ha cumplido y renueva esperanzas sobre la reforma migratoria no nata, etiquetándola como “problema de todos”-en discursos que contrastan propuestas excluyentes y racistas de los republicanos-. Obama quiere repetir el sueño del cambio que le donó el 67% de votos hispanos en 2008 y que hoy bajó al 49%, pero sirve para ganar, con el 54% del total de electores. Vuelve a utilizar el mensaje tolerante e incluyente hacia la comunidad latina, remilgosa de los precandidatos republicanos xenófobos, con la promesa de mitigar las deportaciones y enfocarlas a pandilleros, criminales y ex-convictos, en vez de romper familias, corazones y sueños de mujeres, niños y estudiantes, como ha estado sucediendo.



Y es que hay 48 millones 348 mil hispanos en EUA -el 15.7% del total– de los que 31.6 millones son residentes de origen mexicano. De este universo, 12.2 millones de latinos podrían votar en las elecciones del 6 de noviembre próximo y reelegirlo y como en 2008, podrían decidir la elección en estados fluctuantes como Florida, Nuevo México, Colorado y Nevada y asegurarla otra vez en los estados fronterizos.



De manera que en la estrategia de campaña de Obama, es la garantía de la seguridad doméstica e internacional, punto central para granjearse respaldo social en su país y apoyo global. Mano dura y determinación que contrarresten golpes y críticas de ultras y conservadores que han tachado como debilidad de su gobierno, una política exterior demasiado tersa para el tradicional autoritarismo de la supremacía excepcionalista, que tanto alienta al pueblo estadunidense. Por eso enfoca sus baterías reeleccionistas contra terroristas, árabes fundamentalistas, ahora, contra narcos y sus aliados corruptos y contra el sentimiento antinmigrante, para convencer.



En fin, que los recados de Obama tienen varios destinatarios y sólo un objetivo: ligar y legitimar su triunfo casi seguro y garantizarse engranes que a nivel internacional le consoliden como un líder y estadista, que salvaguarda orden y voluntades en la casa; el gobernante más poderoso del mundo, al que hasta hoy sus enemigos, no le han permitido resolver. Ojalá lo logre y ojalá ahora sí, cumpla.








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DEL MANDO AL LIDERAZGO



Por Rebeca Ramos Rella



En la vida llega un momento en que todas y todos hemos de enfrentarnos al mundo del trabajo, de la competencia y de las jerarquías. Arriba el tiempo de ganarnos el sustento con nuestro propio esfuerzo. Algunos, estudiando y trabajando al mismo tiempo; otros sin oportunidad de preparación, en ruta directa a responsabilidades y encomiendas; otros emprendiendo un negocio u oficio. A todas, todos se nos ha enseñado el camino de la realización y de la superación, también a través del desempeño de un trabajo, actividad para la que hemos de aprender, capacitarnos, adquirir el perfil, la habilidad y los conocimientos necesarios para desarrollarla. En casa, en la experiencia de otros, hallamos la certeza de que hay que trabajar para vivir, para ser independientes, para producir y aportar a la comunidad, al estado, al país. Nadie debe sacarle vuelta al trabajo, pues es la remuneración la que nos permite ser personas útiles, dignas, autosuficientes y libres. Buenos ciudadanos.



Desde educación en el hogar, negocio, escuela, universidad, en los centros laborales y de servicios diversos, sabemos que condiciones indispensables para el trabajo son el conocimiento, honradez, responsabilidad, respeto, eficiencia, proactividad, términos que hoy modernizan y tienden a mejorar el desempeño laboral, cualquiera que sea nuestra área. Está comprobado que a mayor capacitación de los recursos humanos, mayor productividad y competitividad; mayor calidad en la prestación de servicios y en la ejecución y solución de encomiendas; está probado que mientras el respeto a los derechos y condiciones laborales de los empleados, ascensos, prestaciones, paridad salarial, salario justo, trato digno y respetuoso, el esfuerzo y dedicación al trabajo, se incrementan y suben las utilidades y los buenos resultados.



Sin embargo nada es más efectivo en la formación de los recursos humanos, de sindicalizados o de personal de confianza, de equipos conformados por recomendados o cuates, compromisos y equilibrios con grupos distintos, nada es más sólido y aleccionador que la acumulación de experiencia, que complementa a vocación, profesión, especialización y a la permanente capacitación. Hay detalles de análisis y operación, de trato y convivencia humana, de planeación y previsión que no están en los libros ni en Google y que se van adquiriendo con el tiempo, los descalabros, los raspones; con los errores y también con los logros. Entonces cumplir no es nada más una necesidad de sustento; no es nada más un acto de obligación a cambio de un salario; cumplir se vuelve un arte de convicción y de sapiencia y cuando se imprime la aportación extra, la lealtad y la gratitud, hasta la institucionalidad, entonces estamos frente a un trabajador o trabajadora de mayor compromiso, confianza, profesionalismo y efectividad.



Hay personas que disfrutan su trabajo; otras lo detestan: el margen de diferencia es precisamente el nivel de reconocimiento y aprecio que sus jefes otorguen a su labor y por supuesto que se vea reflejado en ascensos, en mejoras salariales y de condiciones laborales y también en el ambiente de trabajo cordial, respetuoso, congruente y equitativo, que contrarreste la discriminación, la intriga, la grilla, el chisme, la envidia, el servilismo, los celos, inseguridades y egos y personalidades presentes en el factor humano que siempre subjetivizan el estricto desempeño de una labor o función.



De manera que todas, todos hemos de esmerarnos en alcanzar metas y resultados; aplicar valores y principios en el desempeño; aprender a trabajar en equipo y soslayar conductas anti-productivas o destructivas que devalúan nuestra contribución, certificación y mejoramiento. Pero ¿y los jefes o jefas? ¿Cómo aprenden a serlo? Se entiende que los que dirigen, comandan y ordenan, lo hacen porque han transitado ese sendero desde abajo y en el cúmulo de aprendizaje superado, han logrado profesionalizar su función para saber ejercer el poder y usar su jerarquía.  Es posible que hayan adquirido nociones del cómo, cuándo, dónde y porqué de sus antiguos jefes o jefas y en esa transmisión generacional o escalafonaria, se haya definido su propio estilo. Estilo que se impone por la persona que tiene el mando y que no necesariamente y en casos, lamentablemente se ajusta a las máximas características que indican el mejor desempeño laboral desde la línea de mando. Usualmente el estilo, principios, conductas se van deformando en la medida que se asciende a niveles de más poder. Las personas poderosas cambian hasta tornarse irreconocibles incluso por sus más cercanos. Y es que el ejercicio del poder puede resultar en le peor de los casos, un virus que contamina valores, actos y decisiones que engendran la soberbia, la prepotencia, la corrupción, la arbitrariedad, el engreimiento, hasta la autoconcepción de sentirse indestructibles, intocables, inalcanzables, mesiánicos, iluminados.



Así, el trabajo desde el mando se vuelve una actividad personalizada y vertical y a partir de esa confusión, se hace uso y abuso del poder y de la jerarquía, con respecto y en detrimento de los subordinados, del colectivo a beneficiar y del proyecto mismo. Y es que en nuestro sistema y régimen políticos, la cultura del ejercicio del poder sobrepone y sobredimensiona al personalismo, a lo unipersonal, al autoritarismo, a la exclusión e invisibilidad de los “talacheros” o de los soldados, a cambio de la entronización exaltada del jefe o jefa, del general o generala, quienes se asumen el vértice, que ignora a la pirámide y a la base que lo o la sostiene y que le torga esa jerarquía. Olvidan que no hay jefe o jefa si no hay equipo.



Esta es una concepción torcida y viciada de una cultura de mando lineal que omite, disminuye y entierra el esfuerzo colectivo del equipo; que da más prioridad al culto a la personalidad, al vasallaje, que a la efectividad laboral; que valora más la intriga, el chisme, el chiste y la alabanza, que a la lealtad, la gratitud y la institucionalidad efectiva en hechos y resultados.



Es ingrediente del presidencialismo arcaico reproducido hasta en los rincones más remotos y modestos de conductas y espacios de trabajo, donde siempre hay un directivo que manda, ordena, hasta grita y humilla y hay un grupo de personas subalternas que deben obedecer, callar, someterse a agravios e injusticias, a incongruencias, absurdos y desplantes de personalidad, bajo la amenaza de la renuncia y del desempleo. Y los empleados y colaboradores jóvenes, personas mayores y mujeres sufrimos además, discriminación, sexismo, disparidad salarial, falta de reconocimiento, invisibilidad, desprestigio infundado, agresiones, acoso y maltrato.



Miente quien diga no haber padecido a un inmediato superior de esta especie. Y padecer por irremediable necesidad de sobrevivencia. Y recuerdo el consejo sabio de mi padre: “Busca trabajar con alguien a quien le puedas admirar y aprender”. Después de 26 años trabajando, desde mi primer jefe, un director de primaria, el del instituto de idiomas, el diplomático director general, el diputado, el senador, el dirigente nacional de partido, el delegado nacional, el secretario general de gobierno, el gobernador, el otro gobernador, la poderosa secretaria particular, el otro diputado, los candidatos, el otro gobernador, la secretaria de gabinete; las jefas amigas lideresas, los amigos jefes dirigentes y líderes, a todas, todos, les he agradecido forjarme efectiva profesional, previsora, perfeccionista, exigente, minuciosa, prospectiva, analítica, neciamente responsable y devota de mi trabajo y de mi esfuerzo adicional. Cada uno a su estilo respetable y a veces, desde la tolerancia mutua en la franqueza y lealtad, si agudo el desacuerdo, para mejorar, para crecer.

Agradecer también la sólida defensa de mi dignidad profesional, laboral y humana hasta de aquella jefa delegacional tristemente extraviada en su ambición y de aquel inmediato superior insistente en su reafirmación de ego y de autoseguridad.



Y en el análisis comparativo he descubierto que el mando, el poder y la jerarquía se ejercen siempre mejor desde el liderazgo, que sabe ordenar e instruir sin necesidad de agraviar ni de amenazar; liderazgo que sabe reprender y reorientar, guiar y generar causa común, convicción, adhesión, respeto, admiración, sin necesidad de humillar y maltratar; el liderazgo que comanda al equipo, al que reconoce, apoya, escucha y respeta, porque sin la base, no hay jefe ni líder, no hay resultados, no hay destino; el jefe o la jefa líder que procura a los suyos, a su gente y le facilita con dignidad y efectividad, las condiciones dignas e insustituibles y que marca la ley, para realizar actividades y encomiendas.



Todo el que aspire y ejerza poder, sabe y acepta que llegará y se sostendrá, si su equipo es eficiente y efectivo; si hay buen trato y si lo apoya incondicionalmente, en consecuencia; si es el equipo de los mejores, de los más adeptos y de los más aptos; el equipo como la plataforma consistente para apuntalarlo y lo será si el líder o lideresa, al mando es buen jefe o jefa, si aplica lo que promueve y predica, adentro y hacia abajo. Quizá por estas razones, interesa tanto conocer los equipos de precandidatos, de gobernantes y demás directivos. Quizá por eso, se remarca tanto en una reforma política que permita al Senado proponer y ratificar al gabinete federal.



El liderazgo en el poder, tiene la inteligencia de respetar, valorar y considerar a los suyos, pues son el reflejo del capitán en su carrera a la cima. Si el equipo falla, falla él o ella. Si el equipo es fuerte, fortaleza a la cabeza. El que coordina y dirige el esfuerzo de todas y todos no debe olvidar que las jefaturas se esfuman, son meros puestos, escritorios y membretes, que se quedan mediocres si no hay mística, proyecto, mutuo respeto y lealtad; no deben ignorar que en cambio, los liderazgos persisten a través del tiempo, crean escuela, cuadros, redes, aliados, empleados y colaboradores agradecidos y leales hasta la muerte.















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MUJERES CONTRA MUJERES



Por Rebeca Ramos Rella



El ingenio popular hace mofa y al tiempo descalifica la posibilidad de alianza real y sincera entre mujeres. “Juntas ni difuntas”…”La peor enemiga de una mujer es otra mujer”…”Y el viejerío apareció”…”. Si organizadas, participamos en grupos o asociaciones, somos unas “mitoteras”; si defendemos nuestros derechos y reclamamos equidad, justica, paridad, igualdad, somos señaladas de conflictivas…y ”Mira, ahí vienen las cacerolas…”. En el fondo estos chistes entrañan un amplio sentido de intolerancia, de anulación, de ganas de ridiculizarnos y hacernos invisibles con un desplante misógino y machista y así, de tajo, nos subestiman, nos devalúan.



¿Quiénes derrapan? Los hombres y también las mujeres. Y ante contundencia de ejemplos, anécdotas y evidencias, lo tenemos que aceptar: somos nosotras mismas quienes nos cerramos los caminos; quienes obstruimos el avance de género; quienes desprestigiamos la lucha por la igualdad, el respeto y el reconocimiento; nosotras nos autoboicoteamos, si queremos acceder a puestos de poder y de toma de decisiones; nos autocensuramos, a veces por cuestiones subjetivas, con doble moralina, costras de prejuicios absurdos e hipocresía, recurriendo a expresiones y roles impuestos en estereotipos sexistas y discriminatorios, que por siglos, la religión, la ignorancia, la cultura autoritaria masculina nos han torpedeado el cerebro; es verdad, nos autodestruimos…abundan las mujeres que hacen circular chismes o intrigas, que ensalzan sospechas, en áreas de trabajo, en el hogar, con la familia para, de plumazo, invalidarnos capaces, inteligentes, dignas, honorables, trabajadoras, responsables, comprometidas, visionarias; basta la creatividad ponzoñosa para destrozar acciones, logros, reputación e imagen de una mujer…y lo hacemos por envidia, por recelo, por miedo a vernos o sabernos superadas por otras mujeres.



Cierto es que la batalla por los espacios laborales y de mando y dirección es intensa; son pocos lugares y la fila es larga. Pero la defensa de éstos no justifica la exclusión y menos con perversión. A pregunta directa sobre con quién prefiero trabajar, si con mujeres o con hombres, contesté que no distingo diferencias; el trabajo es plaza productiva donde hay que cumplir, resolver e innovar. Sin embargo, cuando se convive con mujeres en ese terreno, desde mi experiencia, se entabla una alianza espontánea; se genera una especie de confianza más cercana; hay una implícita noción de que una mujer podrá comprender mejor a otra, en su perspectiva de vida y del mundo que la rodea. Entonces surge la sororidad; que es el apoyo incuestionable y solidario entre unas y otras. Por esta razón, si una mujer rompe, ignora, traiciona la sororidad con otras mujeres, la reacción de ellas contra aquellas, es más dura. Alguien del equipo ha sido desleal, nos ha fallado. Es puñalada por la espalda.



Ahora, no todo lo que se dice o se afirma o se acusa de una mujer y cuando es poderosa o destacada es falso. Hay que reconocer también, que muchas mujeres abonan al desprestigio del género y de la lucha por el respeto y la igualdad, en sus ámbitos de acción y participación. Apenas una subdelegada de la PGR  fue depuesta y encarcelada por encubrir al crimen organizado; muchas detenidas son “jefas de plaza”; no hay banda delictiva que no involucre a mujeres; la corrupción no tiene género, insisto; tampoco la conducta humana debiera tenerlo. Por ejemplo, si a algún suspirante político se le descubren romances clandestinos con consecuencias, la reacción social no es tan radical – así lo revelan encuestas- y hasta podrían aplaudirle su buen gusto y el abanderamiento machista por su valiosa contribución a la perpetuación de la especie; pero si se tratara de una suspirante mujer a un cargo de elevado rango nacional, el puritanismo trasnochado e insoportable hacia supuestos romances extramaritales, la quemaría viva en la hoguera por adúltera, tachándola de liviana, de mala madre, de mal ejemplo y de suripanta insatisfecha y esto sí se reflejaría en encuestas.



Y es que la honradez, el talento, el honor, el auto-respeto, la humildad, la tenacidad, la dignidad, la honestidad, la justicia y la sensatez, no se practican ni se enaltecen o se enlodan por género. Son principios, valores propios de educación y de cultura y también son cuestiones de personalidad, ego y temores. Son las virtudes o defectos humanos, sin distingo masculino o femenino. Cierto que cuando se trata de una mujer, se exaltan descalificaciones e intransigencias, pues la dispensa, el análisis y el juicio es más severo para nosotras y se arrecia si se trata de mujeres sobresalientes en la política, en el liderazgo social, en la representación ciudadana, en el sector empresarial o en otras esferas que implican vida y exposición pública.



Veamos los extremos: Resulta risible, intolerante y genuino de una sociedad de dobleces, que se observen y se critiquen, hasta se censuren actos de la vida privada de una alcaldesa, posicionándolos como distintivo de su gobierno y nadie, nadie analice y opine con objetividad, sobre su capacidad de gestión institucional, obras, hechos y avances de beneficio general. En otro sentido,  tampoco resulta justo que mujeres sin ninguna probada carrera política, empresarial, sindical; sin evidencias determinantes de brillantez, preparación, experiencia, liderazgo, labor y convicción, denigren la participación y proyección de otras mujeres, recurriendo a las artes antiguas de la lisonja, la disipación, el libertinaje y la prostitución; a la discriminación por preferencias sexuales o por género; a la invisibilidad impuesta a otras, sólo para ganarse la voluntad de los poderosos y así llegar a cimas y privilegios, a cargos y a posiciones de poder, espacios desde donde además y para el colmo, suelen impedir el adelanto de las mujeres en general.



La crítica hacia estas mujeres ascendidas por otros medios cuestionables y menos honorables, es que generan un referente común y la opinión generalizada e injusta hacia el resto, etiquetando por igual el proceder de todas, si destacan.



Lo más grave, es que ocupando espacios de alto nivel, usualmente y con debidas excepciones, sus carentes habilidades y capacidades en el desempeño de responsabilidades de mayor complicación, son más notorias, entonces el colectivo asume que las mujeres no podemos, no sabemos, no servimos ni tenemos idea de nada… entonces viene la mofa: mejor que se queden en la cocina. Y la sospecha se cumple en el juicio sumario: llegaron por trastocando valores y principios. Lo peor es que desde ese lugar conquistado sobre pilares endebles y opacos, se dedican a discriminar, detener, cerrar, impedir que otras mujeres con más y mejores elementos para el desarrollo de funciones y líneas de mando, se sitúen donde deben, porque pueden y tienen con qué asumirlos, controlarlos y mejorarlos.



Creo y sostengo, que las mujeres empoderadas, desde sus distintas trincheras tienen una cuádruple responsabilidad social y con el género: ahí en la oportunidad de la cumbre, demostrarse y demostrar a la sociedad que tienen las aptitudes y las cualidades necesarias para desarrollar su labor de forma remarcable, cualquiera que ésta sea, pues siempre se esperará menos de nosotras, entonces habremos de dar más; como seremos permanentemente observadas y fiscalizadas por el colectivo, habremos de enaltecer principios y valores propios, sellando la diferencia en el ejercicio del mando y del liderazgo y  generar una nueva concepción de cómo las mujeres ostentamos y practicamos el poder, el trabajo, la actividad. En la competencia hemos de ser contendientes de excelencia, de respeto, con honorabilidad y productividad. Si las lenguas envidiosas nos persiguen con ánimos de desprestigio y descalificación subjetiva, cortémoslas con resultados, con acciones positivas, con compromiso de calidad. Claro que esto implica un esfuerzo extra.

La tercera es que desde territorios conquistados, continuemos la lucha por la igualdad y la equidad de género. No se vale, no es digno que las empoderadas olviden, omitan o sesguen este deber primario con el género. Las que arriban a espacios de toma de decisiones, de mando y representación política deben trabajar para que la perspectiva de género se traduzca en beneficios para las mujeres; en el respeto, reconocimiento y defensa de sus derechos;  han de trascender sus discursos y participación solidaria, en acciones y en decisiones que las favorezcan en todo ámbito: salud, educación, paridad y justicia laboral y salarial, no violencia. Y deben apoyar a las mujeres, abriendo y ampliando espacios para las demás; deben defender y luchar porque cada día haya más mujeres en el poder, abandonando las tentaciones de la misoginia, de los celos ridículos, de la posesión absoluta de puestos, reflectores y micrófonos; deben ser congruentes en los hechos hacia la igualdad y la equidad. Habrán de ser muy objetivas para confrontar a rivales mujeres en el campo de batalla, sin sucumbir en el sexismo ni en estereotipos.



Somos nosotras quienes tenemos la responsabilidad de promover una nueva cultura de equidad e igualdad; soslayarla nos convierte en traidoras a la causa; en misóginas tan viles como aquellos que nos denigran y nos segregan.



Si ignoramos nuestras responsabilidades con el género, entonces la sabiduría popular aplica: somos nuestras peores enemigas y en tanto nos destacemos y nos sigamos boicoteando, ni la equidad ni la igualdad de género, ni el respeto y reconocimiento a nuestra aportación indispensable en la vida política, económica y social de este país, prosperarán.







rebecaramosrella@gmail.com

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LEPRA ELECTORERA


Por Rebeca Ramos Rella


Vivimos un realismo despellejado. Los mapas de México hechos públicos, por la PGR y por el Departamento de Estado sobre alertas de ejecuciones y territorios en disputa por criminales y narcos y la preocupante afirmación de que “el crimen ha rebasado a las instituciones por lo cual, la seguridad interior se encuentra seriamente amenazada” soltada por del Secretario de la Defensa; cartografías de la implacable e irreversible sequía y el último informe del CONEVAL que revela que entre 2008 y 2012 hay 3.2 millones más de mexicanos pobres; 4.2 millones más en pobreza alimentaria y que en total padecen 52 millones; más las cotidianas notas sangrientas y dolorosas de jóvenes y niños heridos y mutilados de por vida o el hallazgo en vías públicas, de cuerpos torturados y de los nuevos y puntuales gasolinazos, que todo suben mientras no alcanzan los salarios e ingresos, todo este purgatorio sufrimos y quizás hasta deja de sorprendernos y de indignarnos. Ya estos hechos y revelaciones son parte del día a día, así también el proceso electoral en marcha.



Fluye la cascada declarativa de los precandidatos presidenciales. Los vemos en sus actos partidistas enviándose mensajes y réplicas entre ellos; conquistando simpatías, intentando convencer. El electorado está observándolos, arrojan evidencia los resultados de encuestas. Por eso el tono y contenido de arengas y discursos, propuestas y promesas no pueden ni deben enclaustrarse en dichos huecos y mentiras, en soberbias triunfalistas, ni en posturas extremistas. Deben ser realistas y propositivos. Y así, en congruencia deben organizar, movilizar y competir los aparatos partidistas que los impulsan.



Bien por el precandidato priista que llama a sus correligionarios a “sudar la camiseta”-a acentuar el trabajo territorial casa por casa- y a no derrapar en simulaciones: “No caigamos en prácticas de antaño”, les instruyó, aludiendo a los vicios y mañas que exactamente reprodujo la elección interna en el PAN. Y en respuesta a lo dicho por el candidato del PRD, cuando a los suyos les exigió no aceptar despensas por votos, el priista, desde plataforma de demanda ciudadana, les requirió: “A cambio de entregar folletos, despensas y otros vicios del pasado, ahora enfrentemos la realidad del país con propuestas y compromisos firmes”.



Por lo menos el precandidato priista reconoce  esos yerros otrora efectivos, pero deshonestos y convoca a los suyos a alejarse de esa subcultura antidemocrática, sucia, antiética y deshonrosa al utilizar la carencia social y fomentar el clientelismo electoral, que manipula conciencias y votos y peor, suele ser pagada con dineros del pueblo.



Las tropelías partidistas ostentan diversas categorías. Van desde el acarreo, dedazo; el cuatismo; la verticalidad en la toma de decisiones; la omisión y violaciones a declaraciones de principios y estatutos; la rasurada de acuerdos en asambleas; el no debate ni la autocrítica sana y propositiva en el seno de grupos colegiados y cupulares; la línea partidista por encima de intereses nacionales, que vemos tanto en las votaciones en el Congreso federal y en los estatales; la designación unilateral y muchas veces, por razones desconocidas, de miembros distinguidos, candidatos y dirigentes; la discriminación por género; las cuotas humillantes por género y por edad; el trapecismo político; la perpetuación de mismas caras y mañas en distintos cargos y encomiendas; la no renovación de cuadros; el no reconocimiento a liderazgos naturales; la flaca capacitación política para crear nuevos cuadros; la asunción de figuras desconocidas sin arraigo ni trabajo de partido o muy bien conocidas por corrupción, traición y deslealtad; los pactos oscuros y bajo la mesa con grupos de dudosa representatividad; alianzas sospechosas con líderes sindicales anquilosados, empresarios y demás sectores adinerado,s a cambio de posiciones, comisiones, contratos y privilegios.



Partidocracia que desde los gobiernos en los tres órdenes –salvo contadas excepciones-, despliegan estructuras alternas, recursos materiales, financieros y humanos para “apoyar” campañas electorales; para pagar sondeos que calibren la “legitimidad” del mandato; para espiar, chantajear y desprestigiar a adversarios, opositores, críticos y empleados. Y en épocas electorales, para eficientar los mencionados menesteres mapachistas, que el ingenio popular ha bautizado: la operación “tamal”, la “ratón loco”; hasta la clonación de credenciales electorales; la inmigración de votantes de otros estados; la inducción del voto en la fila de casillas; la amenaza, como directriz; la sumisión como disciplina y unidad.



Lamentablemente los vicios y prácticas del pasado, siguen presentes. Veamos muestras: La unción de la precandidata panista estuvo salpicada de denuncias y quejas de coacción del voto, urnas embarazadas, casillas no instaladas, amenazas, uso de recursos públicos a favor o en contra. En el otro extremo, los izquierdosos se muerden la boca cuando señalan a otros, lo que ellos mismos ordenan. La desmemoria del Peje neo-amoroso es inconcebible. Despensas, útiles escolares, cerdos y guajolotes, becas para jóvenes y ancianos hierven en estados gobernados por su partido para lograr sus ambiciones necias. Nadie sabe de dónde obtiene recursos para sus actos, traslados y logística de su campaña de 6 años –o habrá que preguntarle a Marcelo o al gobernador de Guerrero y a los ex de Michoacán y de Zacatecas-.



Como están las cosas en México, sería una verdadera falta de respeto y una cínica agresión a las inteligencias de los mexicanos, más de los que la están sobreviviendo apenas, que precandidatos y sus maquinarias partidistas y electorales, tropezaran y la regaran con conductas prehistóricas para llegar al poder y ganarse electores. Los ciudadanos están hartos, decepcionados, desconfiados de los políticos y de la partidocracia, que en la lucha por la cima, desoyen, malentienden, distorsionan y se aprovechan para vencer, de la desgracia de millones, mediante maniobras arcaicas, tan obvias y así tan desmoralizantes al desarrollo de una nueva cultura política y democrática.



Cierto es que en política todo es posible. Pero en un país de leyes éstas delimitan fronteras y debieran respetarse o de plano, reformarse ya, para darle a las argucias partidocráticas, un marco de legalidad, alcances y sanción. Por ejemplo, en el sistema político estadunidense, los ganones en elecciones, lo son porque recabaron la mayor cantidad de dinero privado y nadie refuta si se usó el público y en Brasil, gobierna una presidenta, vil dedazo de su expresidente y mentor, quien indujo, produjo, patrocinó y pagó su campaña. Allá se vale porque es legal.



En México, los lastres y costumbres del autoritarismo, que acuñó en su tiempo, el otrora partido hegemónico, como padre de este sistema y régimen político que aún vivimos, siguen siendo referencia en la competencia electoral y en el ejercicio del poder público, para el resto de los partidos. ¿Por qué? Porque ésta ha sido la única forma de hacer política en México.



Po eso hoy, estos excesos no son distintivos de un solo partido. Lo son de todos. Todos los partidos los practican; son parte de sus estrategias, de sus tácticas y de sus acciones, cuando son gobierno o cuando dominan el Legislativo. Es posible que nadie pueda presumir manos limpias si se trata de lograr el poder, escaños, curules o administración de recursos públicos. Quizás de lo único que podrían vanagloriarse los partidos, es de ser y sostenerse, como los más hábiles y cuidadosos para no dejar evidencias ni fundamentos probables de su actuar. De cualquier manera, la lapidación entre unos a otros, no vale, pues ningún partido tiene la exclusividad ni la patente. Comparten el pecado.



Los libertinajes y perversiones electorales son parte del sistema político caduco que no han querido ni permitido transformar. La política mexicana así se ha desarrollado por décadas, así la hemos aprendido y la hemos practicado y los ciudadanos la han aceptado o la omiten de sus prioridades. Los colores y las siglas cambian; los líderes, estilos y nombres son diferentes, pero han permanecido los vicios y las artes a la antigua. Ojalá haya compromiso real y hechos que lo demuestren para reformar al régimen y al sistema. Nuestra transición democrática aún no está superada. Está estancada como el país, en inseguridad, violencia y pobreza.



En la vida democrática que avanzamos tan imperfecta, persiste la comisión de estos usos cochambrosos, tornados en delitos electorales, cuando hay procesos y que suelen solventarse en tribunales, pasadas las elecciones. Los ciudadanos somos testigos; por esa razón el descrédito de la política y de las y los políticos, que olvidan o soslayan que su vocación y su quehacer debe ser para servir, no para servirse; que debe ser para mejorar y reformar; no para anquilosar y estancar; para generar confianza y adhesión; no decepción y distancia; para asentar certidumbre y calidad de vida; no para engendrar temor, confusión y desesperanza; la política debe ser para construir y aportar; no para dividir y agredir. Y debe ser democrática, inclusiva, transparente, legal y legítima en su acción y resultado.



En estos tiempos adversos y confusos, mapaches y magos, demagogos y populistas deberían ser parte de un museo. Se requiere que partidos y pre y ya candidatos, pulan sus estrategias y acciones y demuestren que van en serio y honestamente a competir, para rescatar al país de sus contradicciones y atrasos.



No obstante, es probable que este 2012 nos enteremos y veamos que la lepra electorera persiste viva en los hábitos partidistas. Ojalá que el próximo presidente de México y su partido, tengan la voluntad, el consenso y el valor de hallar y pactar la cura a un mal, que hasta hoy, parece incurable.













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UNAM: SEGURIDAD Y JUSTICIA EN DEMOCRACIA

Por Rebeca Ramos Rella

Dicta el sentido común, que para resolver un problema, primero hay que reconocerlo como tal; hay que analizar objetivamente sus orígenes, su desarrollo, sus saldos y consecuencias; hay que prever escenarios de solución y reacciones y, hay que actuar. De la inseguridad y violencia, miedo, muerte y amenazas, todos tenemos una opinión, propuestas, anécdotas. En la pluralidad, entonces es necesario hallar coincidencias. Desde los espectros ideológicos, conocimiento, investigación y experiencias, de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, se convocó a la Conferencia Internacional para integrar una “Propuesta para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia”, en junio pasado, que integró 18 mesas de trabajo con especialistas nacionales y de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Italia, Uruguay y Venezuela. La UNAM ha puesto su grano de arena en el debate nacional incesante mediante un importante documento propositivo, bien sustentado y producto del intercambio entre académicos, expertos y servidores públicos involucrados en las temáticas; realidades que vivimos y, que contribuye, en  36 líneas de acción, más valiosas pues nacen  vacunadas contra partidismos, oficialismos y manipulaciones electoreras, que los ciudadanos debemos conocer a fondo.

Vale revisar concienzudamente diagnósticos y mensajes del Rector José Narro durante el proceso de la elaboración de esta aportación: “La inseguridad pública y los problemas de la aplicación de la justicia en México, tienen mucho que ver con la desigualdad social que padecemos, con carencia de políticas públicas efectivas para abatirla y con insuficiencia de nuestros logros educativos”- la educación accesible y de calidad es una solución-. “A México le urge construir un verdadero Estado de Derecho. El país parece estar funcionando más a partir de intercambios personales con ventajas recíprocas, que de la vigencia de las leyes”-crítica al hipepresidencialismo caduco y a intereses de grupo o partidistas-. “México requiere que la pluralidad que lo constituye, encuentre formas democráticas para expresarse…que se escuchen voces críticas propositivas” –urgencia a la tolerancia y a la reforma política que devuelva el mandato a los ciudadanos-“...requiere de cambios que le permitan avanzar hacia el progreso con equidad, con certeza en el futuro, con capacidades para competir en un mundo globalizado, con una democracia fortalecida. Tenemos que romper ataduras y dependencias que bloquean las potencialidades nacionales” –convoca a impulsar vitales reformas al régimen y al sistema, políticos; diversificación económica, más liberalismo-. Y afirma sobre los principales afectados: “La juventud no merece ser parte de un problema que no generó y tampoco merece ser criminalizada… hoy no cuentan con suficientes opciones. Y cuando no tienen posibilidades educativas, trabajos dignos, viviendas independientes ni opciones recreativas, se vuelven presa fácil del crimen organizado”. “…sin el uso de la fuerza pública el problema no se va a resolver, pero el sólo uso de la misma, lo empeorará. Debemos seguir múltiples rutas: la financiera, la de la droga, la jurídica, la de las armas, la multinacional”-plantea nuevos frentes de combate además del estrictamente militar y policial-.

Comparto para análisis, una síntesis de la Propuesta, el “Manos a la obra”:
1. Celebrar un pacto político y social de base amplia, para reorientar a instituciones de seguridad y justicia. 2. Generar  consensos políticos y sociales necesarios para dar un giro inmediato en las estrategias de seguridad, centrándolas en prevención del delito, abatimiento de impunidad, reducción del número de muertes y de lesionados, preservación de la integridad de las personas y defensa de sus derechos humanos. 3. Diagnóstico, transparente, participativo e incluyente que defina el problema, la ruta y evaluación periódica. 4. Conducir la agenda de prevención al centro de la política de seguridad, comenzando por los jóvenes.5. Diseñar un programa de política social, que favorezca la enseñanza y el desarrollo de modelos para ayudar a los consumidores de sustancias adictivas y a terceros. 6. Establecer programas multidimensionales que reconozcan heterogeneidad de los jóvenes, que contemplen espacios y foros, los vinculen con el desarrollo de su comunidad, como instancias de contacto para la atender inquietudes y para brindarles orientación. 7. Generar programas para propiciar la permanencia o reinserción de los jóvenes en el sistema educativo, becas e insumos que los preparen para su vida laboral. 8. Rediseñar las políticas de empleo para efectiva inserción laboral de los jóvenes. 9. Generar políticas integrales que fomenten la estabilidad en el empleo y la capacitación real y efectiva de trabajadores.10. Generar un Subsistema Nacional de Distribución y Comercialización Juvenil que propicie desarrollo de una cultura emprendedora y operación de empresas juveniles y sociales.

11. Establecer una Defensoría de la Juventud. 12. Ejecutar un programa nacional de fortalecimiento institucional mediante la integración de ciudadanos al Consejo Nacional de Seguridad Pública y la Auditoría Civil de las Policías. 13. Establecer un registro nacional de víctimas y fortalecer los mecanismos de reparación del daño para sus familiares, generando una legislación específica. 14. Transformar a los órganos fiscalizadores, como la Auditoría Superior de la Federación y sus análogos en entidades federativas y Distrito Federal, en verdaderos órganos constitucionales autónomos y responsables para fortalecer la lucha contra corrupción, impunidad y rendición de cuentas. 15. Diseñar un plan para el regreso de las fuerzas armadas a las funciones que le son naturales tan pronto como sea posible. 16. Generar en las instituciones de policía y procuración de justicia políticas de reclutamiento, formación y promoción multidisciplinarias, condiciones laborales adecuadas y sistemas de supervisión, evaluación, indicadores del desempeño y rendición de cuentas.

17. Favorecer la reinserción social de la figura del policía, propiciando su acercamiento con los ciudadanos. 18. Emprender una evaluación del Consejo de la Judicatura Federal y de los consejos locales, a cargo de una instancia externa e independiente, que fomente profesionalización de funcionarios del poder judicial. 19. Persecución del delito de lavado de dinero en sinergia con cuerpos de inteligencia civil.  20. Medir y publicar la efectividad de las acciones del Estado para erradicar lavado de dinero. 21. Insertar a instituciones de inteligencia en una legislación que establezca los fines de los servicios y las herramientas de su responsabilidad política y jurídica, así como su operación local, regional y nacional. 22. Llevar a los hechos la readaptación y la reinserción sociales. Contemplar la prisión preventiva, no sólo el “arraigo”. 23. Realizar un diagnóstico objetivo, imparcial e integral del sistema carcelario mexicano. 24. Ver a la prisión como un último recurso, únicamente para delitos violentos y sólo con fines de protección social, readaptación y reinserción. 25. Despenalizar aquellas conductas que no atentan en forma importante contra la sociedad. 26. Transformar los ministerios públicos en verdaderos órganos constitucionales autónomos, eficaces y ágiles, creación de los Consejos del ministerio público y de la policía de investigación, carrera ministerial, autonomía presupuestal y la técnica de fiscales.

27. Convocatoria a una Cumbre Internacional para valorar el problema de migrantes y narcotráfico, drogas, lavado de dinero y trata de personas. 28. Convertir a los institutos de acceso a la información pública en órganos constitucionales autónomos con facultades legales suficientes para que cumplan sus fines. 29. Cumplir con las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 30. La variedad y la gravedad de la violencia contra las mujeres exige respuestas integrales, en el espacio doméstico, comunidad y la que ejerce el Estado. 31. Promover la creación de un sistema nacional de vinculación para la investigación y el desarrollo en materia de seguridad y justicia. 32. Proponer un mecanismo de colaboración entre la ANUIES y la SEP federal y estatales, para promover contenidos educativos y mecanismos participativos de estudiantes. 33. Poner en marcha en la UNAM un programa piloto especializado en áreas de seguridad y justicia, con gobiernos y comunidades. 34. Crear en la UNAM el Programa Universitario de los Derechos Humanos, que incluya las áreas de seguridad y justicia. 35. Impulsar en la UNAM la discusión sobre la política referente a drogas en México. 36. Crear en el Museo de las Constituciones, un programa sobre el conocimiento de las Constituciones Mexicanas, basado en el fortalecimiento de valores éticos laicos como tolerancia, patriotismo, comportamiento cívico, solidaridad, Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.

Entregada la propuesta al Gobierno federal, el Presidente externó coincidencias en 10 puntos: generación de oportunidades para jóvenes; obligación del Estado para combatir a criminales; mermar poder financiero al crimen organizado; impulsar el sistema de justicia penal oral; integrar  consensos de la estrategia; sobre el consumo de drogas, apoyo a la UNAM para que conduzca debates; el fortalecimiento del consenso en materia de seguridad; tratamiento de adicciones y combate a la corrupción en niveles de gobierno. Un avance. Además, el Rector Narro, convenció a 26 organizaciones civiles y a las más activas: “Alto al Secuestro” de Isabel Miranda, “Causa Común” de María Elena Morera y al “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad” de Javier Sicilia, a enriquecerla.

La credibilidad institucional de la UNAM abre esperanzas y contribuye. El origen plural y el espíritu de servicio legitiman la validez y la consideración que debe motivar este esfuerzo colectivo e interdisciplinario. Pero los ciudadanos estamos cansados de planteamientos diversos que llaman al gran pacto y unidad nacional y pasado el tiempo, vemos carencia de compromiso real y de efectividad en resultados. Hemos sido testigos de infinidad de reuniones colectivas inter institucionales y ciudadanas, donde se habla mucho, se propone y se acuerda, pero en los hechos, se priorizan intereses políticos  y las acciones necesarias, quedan cortas o menguadas por cuestiones electorales.

El ejercicio democrático debe generar consensos, no anárquica y caótica ola de propuestas que no aterrizan, ni solucionan, pero sí dividen. La UNAM invita a debatir sobre una ruta crítica alejada de sesgos políticos. Ojalá y esta vez, el Acuerdo Nacional que invoca, redefina rumbo  y se transforme en nuevas estrategias, reformas y políticas de Estado, que pueden ser más efectivas, si surgen del consentimiento mayoritario, hasta unánime. Ya la voz sensata y honorable del Rector Narro sentenció: “la solución de fondo reclama de la intervención de todos…el tránsito será difícil”.






















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ENTRE POBREZA Y DEUDA

Por Rebeca Ramos Rella

Como candil de la calle. El Gobierno Federal, a nombre del pueblo de México, envió un millón de dólares para socorrer a las víctimas del hambre en Somalia, donde han muerto 30 mil niños menores de 5 años, población que como las de Etiopía y Kenia, el llamado Cuerno de África, están en riesgo de muerte por inanición y enfermedades. Hoy hay riesgo para 12 millones de seres humanos. Buena muestra siempre solidaria, que nos reconocen en el mundo. Hay que ayudar, pero ¿qué hay para los nuestros en desgracia humanitaria? Según el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval, en su última medición de 2008 a 2010, en México, 28 millones de personas -4.2 millones más que en 2008- no tienen acceso a la alimentación; técnica y lamentablemente la cuarta parte de la población padece hambre. Más. Acorde a ocho indicadores 37 millones no acceden a servicios de salud; 21 millones presentan rezago educativo; 21 millones no cuentan con servicios generales básicos; 19 millones tienen viviendas inhabitables; en los últimos 10 años, el ingreso promedio a hogares fue el peor. En 2008 fue de 13 mil 274 a 11 mil 645 pesos mensuales, 12% a la baja, a la fecha. La pobreza creció en dos años de 48.8 millones a 52 millones, la mitad de los mexicanos que subsisten con una carencia social –salud, educación, alimentación, ingreso mínimo, que en áreas urbanas es de 2 mil 114 pesos por persona al mes y en rurales, un mil 329 pesos-. De ese infierno, 11.7 millones sobreviven de milagro, en pobreza extrema –sufren tres o más carencias sociales y apenas cuentan con 978 pesos y 684 pesos mensuales, respectivamente-.

El Coneval innovó, al informar sobre dos nuevas categorías de pobres, los clasemedieros en el fondo, son otros noqueados por el impacto de “la crisis”: hoy 32.3 millones de personas son vulnerables por carencia social; si bien su salario puede ser “alto” –hasta unos 40 mil pesos-, no tienen uno o dos servicios básicos –si no cuentan con seguro social y se enferman, no hay de dónde para hacer frente-. Hay 6.5 millones de personas vulnerables por ingreso; éstos no poseen carencias sociales pero sus ingresos son inferiores a la línea de bienestar mínimo indispensable. Aquí encajan empleados de mandos medios para abajo, en el sector público –a quienes les bajaron el sueldo del que estrictamente viven o simplemente no se los han incrementado y a diferencia de lo que la ciudadanía piensa, el grosor de cualquier nivel de gobierno, descansa en servidores públicos, honestos y eficaces aunque suene increíble, que ganan poco o menos de lo justo, no disfrutan de privilegios como las cúpulas y se las ven negras para salir la quincena-.

En este rubro también se consideran a micro y pequeños empresarios, trabajadores de empresas y fábricas, autoempleados en la informalidad, que han reducido ingresos, ganancias y ventas. Apenas les alcanza y ante una contingencia o imprevisto, sencillamente tienen que sacrificar algo, aguantar alguna carencia social, dejar de pagar y endeudarse.

De estas dos categorías, millones de mexicanos –en su mayoría jóvenes recién egresados, técnicos, obreros, auxiliares, empleados veteranos y madres solteras, jefas de hogar, mujeres, que recordemos, en promedio nacional ganamos 37% menos que los hombres por el mismo puesto o actividad- estamos sorteando el filo de la navaja y en corto plazo, seremos candidatos a ingresar a nivel de pobreza.

Otra novedad del Coneval fue reportar esta amarga situación en los estados. Así la pobreza se alzó en Guanajuato, Oaxaca, Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz y Baja California. La pobreza extrema subió en el Estado de México a 200 mil más, en Veracruz, a 183 mil; en Jalisco, a 43 mil; en Yucatán, a 35 mil y en Querétaro, a 32 mil más.

Sin duda, a tres años del coletazo financiero global, los números arrojan daños y no pinta el respiro. El Banco estadunidense Morgan Stanley anunció que, ante la muy posible recesión en EUA y en Europa, la economía mundial caería en 2011 de 4.2% a 3.9% y en 2012 de 4.5% a 3.8%. Para las economías emergentes como México, disminuiría de 6.6% hasta 6.4% y de 6.7% a 6.1% respectivamente; así que apechuguemos años de desaceleración y sus consecuencias en nuestros bolsillos, pese a que los genios economistas digan que la macroeconomía nos salva, en el microuniverso de nuestros hogares, nada más no sale y si no pregúntenle a los gobernadores y alcaldes, que negocian más recursos federales y deuda, porque tampoco alcanza lo suficiente para obras, ejecución de programas y menos para combate a la pobreza, ya no digamos a la inseguridad. ¿Y para las elecciones?

Afortunadamente en el jaloneo de acusaciones entre federación y estados por excesos y opacidades –que si el Gobierno Federal ha engrosado su gasto corriente, en salarios, plazas, prestaciones, viáticos-; por ejemplo el reclamo de la oposición por los 31 mil 611 servidores públicos federales –el 2.9%- que ganan entre uno y 3.3 millones de pesos al año; mientras, un millón 49 mil 875 trabajadores del Estado, juntos, no llegan al millón de pesos anuales -97.1%-; luego el revire federal, que si los estados –mayoritariamente con gobiernos priistas- se han endeudado estrepitosamente a los tantos miles por ciento en 5 años…finalmente llegaron a acuerdos sobre la reforma a la Ley de Coordinación Fiscal, que se votará en el Congreso federal, habrá ayuda para reducir deudas y colocarlas en mercados financieros, siempre y cuando muestren voluntad todas las partes, más transparencia y rendición de cuentas. Estarán a mano.

En la efervescencia pre-electoral que vemos, en medio de la pasarela de suspirantes, que parecen más preocupados por disputarse el poder político y las ilusiones de millones de desfavorecidos y, ante los vaivenes financieros del entorno internacional, nos queda tener confianza u otorgarles el beneficio de la duda, para que legisladores y gobernantes, prevean, planifiquen, distribuyan con eficiencia recursos adicionales y centren su ejecución eficaz, con sentido de justicia e igualdad, en donde más se necesita y para los millones de pobres y estratos medios, que tenemos derecho a una vida productiva, digna y de calidad.

Ojalá que las elecciones sirvan para que candidatos y elites de gobierno, renueven sus compromisos más allá de discursos y promesas seductoras y en verdad alejen de su demagogia, la lucha contra la pobreza que genera votos, pero luego, decepción y recriminaciones sociales y, las victorias del 2012, sirvan para cumplir con hechos, reformas y mejoras.

En tanto, con esperanza, sobrevivamos.


rebecaramosrella@gmail.com

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TUMBOS DE UN ANARQUISTA

Por Rebeca Ramos Rella

El gran valor de la participación ciudadana demandando su derecho de reclamo, su espacio de propuesta  y su mandato en las decisiones de gobierno, es parte sustancial de la democracia. No la hay sin las voces del pueblo. De aquí que el movimiento de la Marcha por la paz, la justicia y la dignidad, que encabeza el poeta Javier Sicilia, de origen, inició legítimo en su causa contra la violencia, muerte, dolor, miedo. De su tragedia personal surgió un alarido que reverberó en el lamento colectivo de quienes han perdido seres queridos, consecuencia de la lucha, dentro y contra, el crimen organizado. Se comprende el quebranto de familias ante muertes de inocentes, fuerzas armadas y policías en cumplimiento del deber y hasta de quienes por ambición y negocio, por pobreza e ignorancia, caen abatidos defendiendo territorios de bandas. Ante la frustración e impotencia de los deudos, ningún rostro y apodo, caricaturescos y grotescos, de criminales detenidos; ningún nombre ni pertenencia a cárteles, ni armas o drogas incautadas, colman el deseo de justicia o el de revancha, según el sentimiento.

Los activistas y Sicilia empezaron condenando la estrategia federal para combatirlos; luego señalaron ausencia de una estrategia adecuada; después presentaron un enredo de planteamientos y exigencias que evidenciaron la politización de las causas sociales primarias. Han buscado a un culpable visible y éste ha sido señalado, directo y de frente: el Presidente de la República, en el ojo por ojo, hasta coreando, desearon su muerte los movilizados. Del desproporcionado y vengativo, “¡Muera Calderón!”, reclamaron el regreso del Ejército a cuarteles -¿Y entonces quiénes pelearán y defenderán al Estado y población, si aún dormita la reforma que crearía el mando único y policía especializada?- Quieren sacar a militares de la batalla porque también los responsabilizan de los muertos y de violaciones a derechos humanos. Esta incoherencia significa dejarnos a merced de los criminales. Insisto, es absurdo. Propusieron impulsar la “seguridad ciudadana y humana”, mezcolanza conceptual no definida por nadie hasta hoy; no se sabe qué significa, pero cualquier iniciativa de autodefensa ciertamente se contrapone al fortalecimiento institucional en seguridad y justicia, que también invocan. ¿Entonces, qué quieren?

En aquel amasijo de 6 propuestas, espetaron agudamente al Presidente: “su guerra, no es nuestra guerra” ¡Qué estrechez de miras! ¡Qué poco nacionalistas! Y ¡Qué pésima la información gubernamental que no termina de aclarar ni de conscientizar! Los transgresores de la ley que matan con balas o drogas, que secuestran y explotan poblaciones, mujeres y niños; que amenazan y suplantan al Estado, son enemigos de todos los mexicanos ¿Y si no fueran los narcos, los agresores al Estado Mexicano –población, gobierno, territorio- y fueran milicias o terroristas extranjeros, tampoco sería su guerra señor Sicilia? En mismo documento eclécticamente ideologizado, por marchistas e insertados grupos de choque, radicales, petistas, perredistas rabiosos que pedían firmas para enjuiciar al Presidente, aprovecharon convocatoria diversa para protestar contra partidos opositores y legisladores, de lo que los aludidos sacaron raja para torpedearse en ping pong de recriminaciones, muy convenientes en época pre-electoral. De paso, los pacifistas se extraviaron en su genuina propuesta de seguridad, erraron al condicionar respuestas del gobierno, no a la cacería de capos, sino a la renuncia de García Luna, como si con ello se resolviera la violencia y encarrerados, pugnaron por democracia participativa –muy recurrida por la izquierda-; representativa – ya existe-; democratización de medios de comunicación –sonaron al Peje-; se volaron hasta exigir un aumento salarial emergente –bien, pero desfasado- y cancelación de la Iniciativa Mérida –¡Qué torpeza pretender derrumbar el reconocimiento de corresponsabilidad y cooperación de EU!-. La letanía de propuestas se distorsionó, ajena al primer propósito, del que jamás culparon a criminales, los crueles matones de los honrados en silencio. La grilla electorera secuestró la causa.

Del irracional ¡Ya párenle, no nos maten! Dirigido al gobierno federal, vino la catarsis del Castillo de Chapultepec. Bien por ese diálogo emotivo, vehemente, franco del que Calderón salió airoso, aunque amarrado a su razón y piedras y, Sicilia, apaciguado por ser escuchado e igualmente aferrado a la suya. Ahí quedaría expuesto el matiz politizado del movimiento, al demandar aprobación de las reformas postergadas en el Congreso, en específico, de la Reforma Política. Del reclamo legítimo de justicia a víctimas y desaparecidos, del llanto y el duelo, sobrevino la exigencia de candidaturas ciudadanas, plebiscito, referéndum e iniciativa ciudadana, revocación de mandato, voto blanco, límites a fueros y recursos a campañas, todos elementos obvios e indispensables para reformar al régimen y al sistema políticos, es decir al poder público. Pero Sicilia, enredado en sus dislates, jura que no le interesa el poder y se autodenomina anarquista –entonces está convencido en la oposición y abolición del Estado, de cualquier forma de gobierno, autoridad y control social por considerarlos indeseables, innecesarios y nocivos— ¿Por fin? Comanda cambios constitucionales, le demanda al Congreso “que le avise” pero no cree en reformas ni en instituciones. Está extraviado. Habla de “legitimar” la moral en política -¿La moral de quién o según quién?- Olvidó que cada cual según su propia moral y en política, acaso sólo pueda habitar la ética. Se sigue enmarañando en conceptos prostituidos y en berrinches. Lo peor es que confunde al pueblo ¡Qué irresponsabilidad!

Tras el beso “siciliano” a Beltrones, acusó de traidores y estúpidos a diputados, les escupió su dolor y el hedor de supuesta aprobación de la Ley de Seguridad Nacional, sin reparar que el trámite legislativo obliga a debate interno artículo por artículo –es minuta y todavía está en comisiones-. Iracundo los mandó al infierno y rompió el diálogo, amachado en el extremo del contra todo y contra todos, necea en impulsar eso que llama “seguridad ciudadana y humana”, en la salida del ejército del combate, en reconstruir el tejido social roto –generalización demasiado exagerada e irreal- y machacando el endoso de todos los muertos al Gobierno federal, ninguno a los narcos. Tampoco leyó a fondo la minuta de Ley que efectivamente requiere de precisiones, pero al radicalizarse sin analizarla, asume el poder que odia, pero ejerce como líder de un movimiento social, arrinconando al Legislativo y al Ejecutivo a su capricho ¿Será que sólo aceptará reformas y leyes acorde a su razón? ¿Quién es el soberbio que no escucha ni acepta nada? Y ¿Cómo pretende Sicilia construir y tener la paz que reclama, si trastoca el camino de la paz, con sus excesos ignorantes, disparatados y ofensivos ¿Con insultos y rabietas públicas en pleito abierto con el Estado, se llega a la paz?

Y en el colmo de sus desplantes chantajistas y contradicciones acochambradas de manipulación política e ideológica, se le olvida que pidió la cancelación del apoyo de Washington, pues ahora exige a Obama “detener inmediatamente y prohibir el flujo de armas…ordenar reportes de ventas… y regular abastecimientos…”

Son lamentables las muertes a causa de violencia desfogada por el crimen organizado a consecuencia de décadas de impunidad y corrupción que lo crecieron. Es válida y necesaria la movilización ciudadana contra inseguridad. La desgracia es que se haya desvirtuado y contaminado su causa por recovecos de grilla electorera, por desconocimiento de conceptos y conductas sociales y políticas que sólo generan confusión y distorsionan la realidad. Ojalá Sicilia, el anarquista empoderado, rectifique en planteamientos y estrategias y regrese pronto a la poesía, que es lo suyo.
rebecaramosrella@gmail.com


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